La práctica estaba prevista para las 11.30. A esa hora el campo estaba listo. Las pelotas, los arcos móviles y los conos. Todo estaba acomodado. Sin embargo, el campo de entrenamiento de la Kennesaw State University, ubicado a poco más de 40 kilómetros del centro de Atlanta, permanecía vacío; mientras, puertas adentro, Lionel Scaloni mantenía una reunión extensa con el plantel, pensando en el duelo de este martes contra Egipto.
Pasó una hora, incluso un poco más, y recién entonces los jugadores comenzaron a salir hacia el campo principal.
Nadie dijo qué se habló en ese salón, pero tampoco hacía falta. Las respuestas que minutos después dieron Leandro Paredes, Thiago Almada y Nahuel Molina terminaron dibujando el mismo mensaje. Corregir, no regalar detalles y entender que el Mundial ya entró en esa etapa en la que un error puede costar la eliminación.
Scaloni ya resolvió este problema una vez, ahora el Mundial 2026 vuelve a ponerlo a pruebaPorque si la fase de grupos fue el tiempo de la administración, de las rotaciones y de la gestión de cargas, los octavos representan otra cosa. Representan el momento de las decisiones. Y Scaloni quiso dejarlo bien en claro antes de que apareciera la primera pelota.
Mientras Paredes, Almada y Molina atendían a la prensa, el resto del plantel ya caminaba hacia la cancha. Algunos comenzaron los movimientos precompetitivos y otros se acomodaban para iniciar los trabajos físicos. Los últimos en salir fueron justamente los tres futbolistas que habían hablado con los periodistas. La escena, sin embargo, todavía guardaba un capítulo más.
Lionel Messi se quedó sentado a un costado del campo junto a varios de los referentes del plantel. Minutos después apareció Lionel Scaloni. El entrenador se sumó al grupo y durante otros 15 o 20 minutos continuó una conversación que comenzó con gestos serios y terminó entre sonrisas y distensión. Fue otra imagen que habló por sí sola.
"Hubiera sido una locura perder en mi partido 100": la confesión de Scaloni tras el sufrimiento de ArgentinaLas palabras, en cambio, llegaron después. “No hay partido fácil”, resumió Paredes cuando le preguntaron cómo imaginaba el cruce de octavos. El volante, que aseguró sentirse “al 100%” desde lo físico tras dejar atrás la lesión que lo condicionó en la previa del Mundial, también dejó otra frase que parece sintetizar el pensamiento del cuerpo técnico. “Tenemos un margen de mejora muy alto porque somos una Selección que siempre quiere más, que siempre quiere mejorar y que tiene condiciones para hacerlo”, lanzó.
No fue el único que habló de corregir. Almada reconoció que el cuerpo técnico ya dio vuelta la página del sufrido triunfo frente a Cabo Verde, pero aclaró que el partido dejó enseñanzas. “Sacamos todo lo positivo y corregimos los errores para que no vuelva a pasar”, explicó.
Cómo juega Egipto, el rival de Argentina en los octavos del Mundial 2026: fortalezas, debilidades y el plan que deberá romper ScaloniY cuando le recordaron la eliminación de Brasil y las sorpresas que viene entregando el Mundial, dejó otra advertencia. “No podemos regalar ni un detalle”, advirtió con un gesto serio.
Molina, mientras tanto, completó el diagnóstico. El lateral derecho admitió que una de las cuestiones que el equipo analizó tiene que ver con algunos desajustes que aparecieron durante el último partido.
LA GACETA, en Atlanta: el legado de Martin Luther King y la historia de un vínculo santafesino con Walter Samuel“Hay momentos que sufrimos por no estar en comunicación entre nosotros. Hay que corregir eso”, explicó, antes de defender una de las principales fortalezas de esta Selección. “El equipo nunca se traicionó. Siempre fue para adelante a buscar el partido”, agregó.
Las frases no parecieron casuales, pero tampoco aisladas. Entre los tres futbolistas hubo un hilo conductor que coincidió con lo que se respiró durante toda la mañana en el predio de entrenamiento: autocrítica sin dramatismo, confianza sin relajación y la certeza de que el margen de error ya desapareció.
LA GACETA, en Atlanta: Argentina define el equipo ante Egipto con cambios en estudio y un mensaje de autocríticaArgentina llegó a Atlanta con la clasificación asegurada y con el objetivo intacto de seguir peleando por el bicampeonato. Pero también con la sensación de que el Mundial cambió de temperatura. Ya no alcanza con administrar esfuerzos ni con resolver partidos desde la jerarquía individual o la pelota parada. Ahora empiezan los duelos que se definen por detalles.
Por eso la práctica empezó mucho antes de que alguien tocara un balón. Porque antes de entrenar movimientos, Scaloni eligió entrenar otra cosa: la cabeza de un grupo que sabe que, a partir de ahora, cada decisión puede acercarlo un paso más a la gloria… o devolverlo a casa.